
En la obra “Ritmo de una bailarina rusa” pintada en el 1918, por el arquitecto neerlandés Theo van Doesburg, mediante la sintetización de las formas en rectas y de la curvatura en ortogonalidad, se genera un juego visual en el que encontramos claramente varias bailarinas de ballet haciendo ejercicios de barra. Se aprovecha además del efecto perceptivo del observador, variando la longitud y el color de los segmentos que en ningún momento se superponen entre sí. Las barras más cortas dan una sensación de volumen que sin embargo se estiliza en los segmentos mas largos. Además los colores oscuros están más relacionadas con partes del cuerpo cubiertas con ropa, mientras que los colores claros se utilizan para la piel descubierta. Otro de las herramientas utilizadas por el autor para transmitir la realidad es la perspectiva mediante la fuga, ya que se ve a las bailarinas alineadas y con sensación de profundidad, anteponiendose visualmente las más cercanas debido a una mayor longitud de los segmentos. Uniendo estos elementos (longitud, color, orden, fuga) se obtiene una bastante nítida imagen formada tanto por estos como por nuestra mente.

Observando la primera acuarela de Kandinsky datada entre 1910 y 1913, reconocemos fácilmente una abstracción pura, relacionada con el cuadro de Mondrian, aunque en este caso totalmente diferente ya que no está atado a ninguna geometría, como medio de expresión sino formas texturas y colores y además el trazo es muy variable. Como ya hemos dicho no hay formas reconocibles en este cuadro, pero si que contiene elementos que nos recuerdan a algo bucólico. La obra presenta movimiento muy energético, espacios muy diferentes entre sí y una gran espontaneidad. Y mediante el uso del claroscuro se forman luz y oscuridad que no llega a entenderse a un nivel sensitivo pero si a un nivel emocional.
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