domingo, 5 de febrero de 2012

El signo de los cuatro

   -...¿Qué ha sido hoy: morfina o cocaína?
Levanto sus ojos con languidez del viejo volumen de caracteres góticos que había abierto, y contestó:
   -Cocaína, en disolución al siete por ciento. ¿Le agradará a usted probarla?
   -De ninguna manera - conteste con brusquedad.
...
Holmes se sonrió por mi vehemencia, y dijo:
   -Quizas tenga usted razón, Watson. Me imagino me imagino que la influencia de esto es físicamente dañosa. Sin embargo, encuentro que estimula y aclara el cerebro de una forma tan transcendental, que me resultan pasajeros sus efectos secundarios.
   -¡Reflexione usted!- le dije con viveza-. ¡Calcule el coste a que le resulta! Quiza su cerebro se reanime y se excite, según usted asegura; pero es mediante un proceso patológico y morboso, que trae como consecuencia un aumento en el cambio de tejidos y que pudiera acarrear al cabo una debilidad permanente.
...
   -Mi cerebro se revela contra el estancamiento. Proporcioneme usted problemas, proporcioneme trabajo, deme el más abstruso de los criptogramas, o el más intrincado de los análisis, y entonces me encontraré en mi atmósfera propia. Podré prescindir de estimulantes artificiales. Pero aborrezco la monótona rutina de la vida. Siento hambre de exaltación mental.



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-El reparto me parece muy poco justo- dije yo-. Usted lo ha hecho todo en este asunto. Yo me llevo una esposa. Jones se lleva la fama. ¿Quiere decirme qué queda para usted?
- Para mí- contesto Sherlock Holmes- queda todavía el frasco de cocaína.
Y levanto hacia arriba, para cogerlo, su mano larga y blanca.

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